lunes, 6 de agosto de 2012

Scene 20

Personajes:
River
Viejo marinero
Marinero random


Música

Tan hermosa madrugada nunca nadie disfrutara,
con el sol apareciendo y la luna en las espaldas,
y en la proa de su barca la que tanto deseaba,
¡cuanto brillo en su mirada, relucían sus escamas!

"¡Ven al fondo,ven al agua, que allá tengo nuestra casa.
Si en la tierra soy extraña, tú en la mar no extrañas nada!
" Una barca a la deriva llegó al puerto una mañana,
y la brisa repetía: ¡Ven al fondo,ven al agua!



El viejo marinero cantaba sentado en el muelle, mientras cosía las redes rotas por la faena de la noche.
Dejaba vagar su mente con las viejas historias y canciones de sirenas. Pensaba que eran mitos y leyendas claro, pero aún así le cautivaban de una manera increíble. 
Recordaba aquellos tiempos hace ya casi 10 años, cuando todavía iba a visitar a su familia a   New York y le cantaba esa misma canción a su nieta, por aquel entonces recién nacida.

Lo que no sabía el viejo, es que estaba haciendo de abuelo para alguien más. Cantando nanas para una joven solitaria que se sentía perdida en el mundo.

River salía todas las madrugadas de su refugio acuático, su cueva solitaria en la que se sentía tan segura, solo para ir nadando hasta el embarcadero en el lado contrario de la isla. Allí se escondía bajo las tablas junto al viejo, y se podía pasar horas escuchándolo cantar.

Los días en los que no estaba él, se quedaba un rato oyendo las conversaciones de los demás marineros, aprendiendo un poco de esa lengua tan expresiva, pero enseguida se cansaba y se iba. Solo la hipnotizaba una voz, la voz que le cantaba.

- Eh John! deja ya esas redes, vamos a la taberna que nos tenemos merecido un buen trago de vino.
- Iré en un rato, aun me quedan unas cuantas canciones que echar al mar. No te bebas todo el vino hasta que llegue...
- A veces pienso que te pasas demasiadas horas sentado ahí, como si estuvieras esperando algo. No dejes que el mar te vuelva loco ¿quieres? Hazlo por mi.
- No te preocupes, solamente me relaja. Me da la sensación de que aquí sentado hay alguien que me escucha. Alguien que se preocupa por mí.
- Todos nos preocupamos por ti. No tardes, ¿vale?
- Vale

Un par de canciones después, John se levantó y se fue a la taberna. El día había sido largo.

- No estás equivocado viejo, yo te escucho.
   Me preocupo por tí.